¿Hay esperanza en el mundo de hoy?

Enviado por admin el Mié, 10/10/2018 - 22:07
Fernando Bermúdez

Hoy día estamos acosados por las redes sociales y por los informativos de los medios. Se habla de todo. Hay noticias verdaderas y noticias falsificadas, manipuladas según los intereses de los dueños de los medios o por posturas ideológicas. Hasta tal punto esto es así, que muchos ya no saben qué es cierto y qué es falso. Por eso algunos ya no leen ni escuchan noticias. Se desconectan de la realidad o solo se asoman a ella para leer los titulares o se encierran de una manera hermética en la vida privada, en la familia, en el futbol o en la religión pietista... Lo cierto es que esta realidad a muchos los ha desestabilizado en lo material, en lo psicológico y en lo moral.

La crisis económica desembocó en una crisis ética y espiritual. Los valores humanos se están degradando. Un egoísmo colectivo va invadiendo el planeta. Signo de ello es el auge de la extrema derecha, de carácter neonazi, que se extiende como una mancha de aceite por Estado Unidos y Europa. Ahí vemos a los gobiernos de Hungría, Austria, Polonia, Italia...y partidos extremistas, xenófobos y racistas Francia, Alemania, España, Grecia, Holanda… En Brasil, país decisivo para América Latina, amenaza la subida al poder de un extremista y fundamentalista religioso, defensor de la dictadura militar, racista y represor. ¿Qué está pasando en el mundo? ¿Qué les está pasando a los pueblos que votan por estos gobiernos? ¿Quiénes mueven los hilos de la historia?

Hay un poder, aparentemente invisible, que nos manipula y que nos engaña. Es el poder económico, financiero y empresarial. Quienes controlan este poder son dueños de los medios de comunicación. Quieren que pensemos como ellos. Yo he conocido personas pobres, marginadas y excluidas, pero con cabeza de ricos. De este modo tratan de que nos conformemos con lo que hay y no hagamos nada por cambiar las cosas. Por esta línea va el economista norteamericano, de origen japonés, Francis Fukuyama. Insiste en que no hay que cambiar nada, que hemos de dejar de soñar en nuevas alternativas sociales, porque no hay otra salida económico-social que el neoliberalismo. Hemos llegado al final de la historia.

Al poder económico-financiero le interesa matar los sueños, destruir las utopías al mismo tiempo que busca cierta estabilidad social y política, aunque la inseguridad, la frustración y el cierre de las puertas que dan al futuro de millones de personas estén a la orden del día. Todos hemos escuchado a nuestros gobernantes hablar de esta manera.

Los políticos de cualquier país abordan numerosos asuntos como si fueran ellos quienes deciden nuestro destino. Pero eso no es verdad. Ellos saben que quienes deciden realmente los destinos de las naciones son los poderes económicos, los financieros y los fondos de inversión que condicionan al poder político. La política está totalmente subordinada el poder económico.

Por ejemplo, oficialmente sabemos que el Banco Central Europeo, cuyos fondos son públicos, pues son la suma de las aportaciones de cada Estado de la Unión, no presta el dinero a los Estados, se lo presta a los bancos nacionales y estos, a su vez, se lo prestan al Estado a unos intereses arbitrarios, de modo que la conducta política de los gobernantes de la nación depende de las condiciones impuestas por los Bancos, por las entidades financieras y por las agencias de calificación.

Ahí está el grupo Bilderberg. Ningún ciudadano sabe lo que se trata en sus reuniones. Lo único que sabemos es que ahí defienden siempre los intereses de los poderosos de las naciones e impiden que aquellos políticos o gobiernos que buscan la justicia social y se preocupan por los más pobres, realicen sus proyectos. Si no se someten al gran Capital, tratan de ahogarlos, desprestigiarlos y derrocarlos.

Podría poner muchos ejemplos. El más sobresaliente es en Brasil con Luis Ignacio Lula da Silva, que siendo presidente de la nación sacó a treinta millones de brasileños de la pobreza. Pues hoy está encarcelado. ¿Por qué? porque en las encuestas para las próximas elecciones encabezaba por mucho la preferencia de los brasileños. Entonces, los poderosos de Brasil y del mundo inventaron una serie de delitos falsos para frenarlo y meterlo preso. No interesa que suba al poder. José Múgica, el expresidente de Uruguay, así lo interpreta. De paso sea dicho que muchas personalidades mundiales han propuesto a Lula como candidato para el premio Nobel de la Paz.

Otro ejemplo, Grecia, tras prolongados periodos de indignación social por la pobreza de las mayorías frente a la riqueza de unos pocos, un destacado economista, Varoufakis, que siendo ministro se opuso al proyecto neoliberal diseñado por el Gran Capital, el Banco Central Europeo presionó a Grecia para que fuera expulsado del Gobierno.

En España sabemos que los primeros en cobrar son los acreedores internacionales, aunque una vez pagados no quede ni un sólo euro en las arcas públicas para sanidad, educación, pensiones… Esto obedece a un mandato del poder bancario europeo. El presidente del Gobierno de aquel entonces (Zapatero) dijo esta frase: «No hay otra opción, la presión de los mercados nos obliga a hacer recortes». Quien realmente manda en las naciones es el Mercado, el Gran Capital. Él es el dios que hoy domina el mundo.

Y es que, reconozcámoslo de una vez, para no engañarnos, poco pueden hacer los dirigentes políticos, gobiernos y parlamentarios, pues apenas tienen voluntad propia para decidir. La verdad es que pintan poco, mucho menos de lo que imaginamos. Algún gobernante lo justificará empobreciendo más a los pobres y enriqueciendo a una minoría poderosa, como hemos sido testigos estos últimos años en España.

Por lo tanto me pregunto: ¿Qué sentido tiene elegir a unos o a otros en las urnas, si los verdaderos explotadores y depredadores están fuera, arriba, como dioses, no elegidos por nadie? Porque la realidad es que los políticos y los gobernantes están totalmente condicionados por el sistema económico. Son los poderes económicos los que mandan, nosotros estamos sometidos a ellos, ¿qué podemos hacer? Solo hay un camino, que los pueblos tomen conciencia de esta realidad y entren en un proceso organizativo con la esperanza de ir avanzando hacia un cambio. El mundo como está no tiene viabilidad, ni para la humanidad ni para el ecosistema. Si no intentamos remediarlo, todo seguirá más o menos igual, hasta que nos encontremos en un camino sin salida, en un caos social y ambiental. Hoy día el 1% de la humanidad controla casi el 50% de la riqueza del planeta mientras más de un 80% de la humanidad vive en la pobreza y en el hambre. Y cada vez más la riqueza se va concentrando en menos manos. Este es el mundo que vivimos. ¿Dónde está la ética en la economía? En este sistema no hay ética.

Nos extrañamos que venga gente africana, subsahariana, en pateras huyendo del hambre y arriesgando sus vidas. Algunos se quejan diciendo que nos quitan trabajo y que se van a beneficiar de nuestra Seguridad Social. Pero, ¿analizamos la causa fundamental, que es la ausencia total de ética y moralidad en la economía mundial? ¿Ofrecemos resistencia a este sistema de muerte que se nos ha impuesto? Con razón el papa Francisco señala que este sistema mata y que urge un cambio. Y es que el plan de Dios es otro. No el que vivimos, que mata a las personas y destruye el medio ambiente. ¿A dónde vamos si esto no cambia? Me da pena pensar en las generaciones futuras. ¿Qué humanidad y qué tierra les vamos a dejar?

Tal vez he sido un poco pesimista, pero esta es la realidad. No para hundirnos, sino para despertar del sueño, de la ignorancia, y ser, como dice Pagola una nube de mosquitos que inquietan y debilitan al monstruo. Solo los pueblos con desarrollo de su conciencia, críticos, unidos y organizados podrán ir dando pasos hacia ese otro mundo que soñamos. Un mundo en donde la economía sea un medio para que toda la humanidad tenga una vida digna, un mundo en donde la gente pueda permanecer en su tierra sin necesidad de emigrar para poder sobre vivir, donde se respete los derechos humanos y se cuide el medio ambiente como nuestra casa común, donde desaparezcan las guerras y los intereses económicos, geopolíticos y armamentista, que son los que provocan los conflicto bélicos; un mundo sin paraísos fiscales, un mundo abierto a los inmigrantes en el que todos tengan cabida sin distinción de color de la piel, lengua o religión.

Ese es el mundo que tanta gente buena sueña y lucha porque se haga realidad. ¿Habrá todavía razón para la esperanza?


Fernando Bermúdez es miembro del Comité Óscar Romero de Murcia