ORACIÓN COMPROMETIDA

El título de esta colección de canciones —“Oración comprometida”— se inspira en una sencilla pero hermosa experiencia de oración, sostenida y animada por el Comité de Solidaridad Óscar Romero en los locales del Foro Ignacio Ellacuría de Murcia desde diciembre de 2002. Una experiencia localizada y concreta, pero abierta al mundo y a las demandas que nacen de él a la fe y al compromiso. El propio Óscar Romero invitaba “a todos los cristianos a orar para que el Salvador del Mundo nos conceda ser fieles coherentes con la misión liberadora que Él mismo nos ha encomendado”. Siguiendo esa invitación, los que frecuentan este espacio de “oración comprometida” pretenden reforzar el vínculo esencial de su oración con las experiencias de rebeldía, esperanza, abatimiento, dolor, alegría,... de los últimos, de los desheredados de la tierra, de los pobres de este mundo.

Esto no hace más fácil la oración. Se trata de un vínculo problemático. Porque, ¿qué vida está a la altura de dichas experiencias? Intentar hacer de ese vínculo el espacio de encuentro orante con Dios es verse confrontado con una llamada constante a la conversión y a la desinstalación, es ver cuestionadas las opciones vitales que presiden nuestra vida cotidiana y nuestra praxis concreta. ¿Cómo hacer nuestra la voz de los dolientes, como apropiarnos sus palabras para hablar con Dios, como intentar articular su desamparo o sus esperanzas delante de Él, sin percibir el abismo que nos separa de su existir concreto, la distancia que marcan nuestras seguridades, nuestras evasivas justificaciones, nuestro siempre insuficiente compromiso ante su demanda de justicia, de solidaridad, de libertad y de futuro verdaderamente humano?

Pero ésa no es la única dificultad. Una oración que se aventura por esos caminos pretende abrirnos al misterio de Dios presente en la historia. Busca sus huellas y se nutre de ellas. Por eso, como afirma el teólogo J. B. Metz, “la experiencia de Dios inspirada bíblicamente no es una mística de ojos cerrados sino una mística de ojos abiertos; no es una percepción relacionada únicamente con uno mismo, sino una percepción intensificada del sufrimiento ajeno”. Sin embargo, ese sufrimiento al que Dios nos llama a abrirnos solidariamente quizás sea la mayor fuente de oscurecimiento de su presencia en la historia, una presencia inexplicable, a veces opaca, frecuentemente contradictoria, siempre no apabullante.

La oración que nace de la apertura a los otros pobres, desheredados y sufrientes supone un riesgo evidente para toda fe confortable y segura, nos precipita por abismos en los que sólo la gratuita entrega del don sostiene en medio de la noche. Para quien ora de esta manera el don gratuito se hace experiencia en el aliento inesperado, en las fuerzas que todavía asisten cuando ya parecían agotadas, en la compañía advertida sólo tras un largo forcejeo junto al pozo, en la esperanza contra toda esperanza suscitada y alentada por el frágil vigor inexplicable, pero cierto, nunca del todo derrotado, de todo lo incumplido, lo pendiente, lo fracasado, que exige testarudamente la justicia del que ha de venir y anima nuestra lucha.

Situarse y permanecer en ese espacio de encuentro, en el que el fuego abrasador del Amor inextinguible vuelve nuestra mirada y nuestro corazón hacia su pueblo oprimido y nos compromete con su liberación, sólo es posible con la ayuda de testigos, de personas que, en su fragilidad no maquillada ni ocultada, se dejaron quemar por ese amor hasta el final, el de dar la propia vida fiados del que es la Vida. El martirio no se escoge, pero el compromiso con los últimos muchas veces lo lleva consigo. Los textos de Monseñor Óscar Romero que acompañan los poemas de Pedro Casaldáliga dan debida cuenta de esta disponibilidad asumida por amor a los pobres. En ellos late el pulso del amor radical a los pequeños, empobrecidos, pisoteados y aniquilados violentamente, late el pulso de la lucha por defender sus derechos, la denuncia de quienes los pisan y la conciencia lucida del riego que comporta ese amor radical, riesgo trágicamente cumplido en el destino de los más queridos compañeros de camino y de lucha. Pero en esos textos también sopla el aliento pascual que llena de esperanza el compromiso con la vida y que, una vez consumado éste, florece con nuevo vigor en todos aquellos que sienten el mismo impulso vivo del amor llevado hasta lo último.

Los poemas de Pedro Casaldáliga expresan la misma experiencia, desnudan el alma y la exponen a los vientos de la historia de dolor y esperanza de los que habitan los márgenes del orden fundado en la injusticia. La belleza poética no enmascara la realidad doliente, pero le hace apuntar hacia su otro, hacia lo nuevo que asoma débilmente en ella y que nace no de lo aparentemente potente, de las potencias poderosas, valga el pleonasmo, sino de lo que no cuenta, de aquello que conforma el reverso del poder aniquilante y mortal. El Evangelio recupera en estos poemas su rebeldía originaria, nos habla de nuevo de la pobreza que engendra libertad, de la justicia que alcanza a los últimos, de la esperanza que anima la lucha por un mundo otro y nuevo, de la fraternidad que engendra vida compartida y no excluyente. Son poemas que buscan la huella de una Presencia elusiva y misteriosa que tensiona la historia hacia la justicia, la verdad, la fraternidad,...

Inspiradas en la palabra del mártir Romero y dando expresión musical a los versos del profeta Casaldáliga, las canciones que recoge este disco prometen ser un vehículo expresivo inestimable para quienes quieran aventurarse por el camino de la “oración comprometida”, para cuantos quieran hacer suya una plegaria a ras de tierra impulsada por el hambre y la sed justicia, para las que Jesús de Nazaret anunció un dichoso cumplimiento que supera lo imaginable. Muchas personas en España y América Latina encontrarán en estas canciones una bella posibilidad de gritar a los cuatro vientos su fe y sus interrogantes, sus dolores y sus esperanzas, sus denuncias y sus consuelos, sus luchas y sus dichas... Yo así lo espero.

José Antonio Zamora