Entre la cruz de la injusticia y la esperanza de la resurrección: La Pascua Argentina

Enviado por COR Buenos Aires el Lun, 30/03/2026 - 13:24
Mundo Crucificado
Autoría
Gerardo Duré - SICSAL Argentina


 

La Pascua, núcleo central de la fe cristiana, celebra el paso de la muerte a la vida, de la opresión a la liberación, de la desesperanza a la esperanza. Sin embargo, cuando esta celebración se sitúa en la realidad concreta de la Argentina actual, deja de ser un acontecimiento meramente litúrgico o espiritual para convertirse en una clave de lectura profundamente sociopolítica. La Pascua no ocurre en el vacío: se encarna en un pueblo, en una historia, en un tiempo marcado por conflictos, desigualdades y luchas. Preguntarse por la Pascua hoy en Argentina es, entonces, preguntarse por las cruces que cargamos como sociedad y por las posibilidades reales de resurrección en medio de ellas.

En los últimos años, la Argentina ha experimentado una profundización de las desigualdades sociales. La pobreza, el desempleo, la precarización laboral y la pérdida del poder adquisitivo han configurado un escenario en el que amplios sectores de la población ven vulnerados sus derechos más básicos¹. En este contexto, la cruz no es solo un símbolo religioso, sino una realidad cotidiana: la cruz del hambre, de la exclusión, de la falta de oportunidades. Es la cruz que cargan las familias que no llegan a fin de mes, los jubilados que deben elegir entre medicamentos y alimentos, los jóvenes que no encuentran un horizonte claro.

La narrativa pascual, sin embargo, no se detiene en la cruz. La reconoce, la atraviesa, pero no la absolutiza. La muerte de Jesús fue el resultado de un sistema que no toleró su propuesta de justicia y fraternidad². Fue ejecutado por el poder político de su tiempo, en complicidad con sectores religiosos que vieron amenazados sus privilegios³. Esta dimensión histórica de la crucifixión permite establecer un paralelo con las dinámicas actuales: cuando las estructuras de poder priorizan el lucro sobre la vida, cuando se criminaliza la protesta social, cuando se recortan derechos en nombre de la estabilidad económica, se actualizan, de algún modo, las lógicas que llevaron a la cruz.

En la Argentina de hoy, la represión de la protesta social aparece como un signo preocupante. Manifestaciones de trabajadores, movimientos sociales o estudiantes son, en ocasiones, respondidas con dispositivos de control y violencia que buscan disciplinar el conflicto⁴. La Pascua, leída desde esta realidad, interpela estas prácticas: ¿de qué lado estamos cuando un pueblo reclama por sus derechos? ¿Del lado de quienes alzan la voz o del lado de quienes buscan silenciarla? La figura de Jesús, ejecutado como un subversivo del orden imperial, cuestiona toda forma de represión que niegue la dignidad de las personas.

Otro aspecto relevante es el de la memoria histórica. Argentina ha construido, con esfuerzo y dolor, una política de memoria, verdad y justicia frente a los crímenes del terrorismo de Estado. Sin embargo, en el presente emergen discursos que relativizan o niegan ese pasado⁵. El negacionismo no es solo una disputa sobre los hechos, sino una forma de violencia simbólica que afecta a las víctimas y debilita los consensos democráticos. En este sentido, la Pascua ofrece una clave fundamental: la resurrección no borra las heridas, las transforma. El cuerpo resucitado conserva las marcas de la crucifixión (cf. Jn 20,27)⁶. Recordar es, entonces, parte del proceso de vida nueva. No hay resurrección sin memoria.

La implementación de leyes y políticas que afectan de manera desproporcionada a los sectores más vulnerables plantea otro desafío. Cuando las decisiones públicas se orientan a favorecer la concentración de la riqueza o a desmantelar redes de protección social, se profundiza la brecha entre quienes tienen mucho y quienes apenas sobreviven⁷. La Pascua, en su dimensión liberadora, cuestiona estas lógicas. El Dios de la vida no es neutral frente a la injusticia: se revela en la historia tomando partido por los oprimidos (cf. Lc 4,18)⁸.

Sin embargo, hablar de Pascua en clave sociopolítica no implica caer en un discurso meramente denunciante. La Pascua es, ante todo, anuncio: anuncio de que la muerte no tiene la última palabra, de que la vida puede abrirse paso incluso en los contextos más adversos. En la Argentina, esta dimensión esperanzadora se hace visible en múltiples experiencias comunitarias: comedores populares, cooperativas de trabajo, organizaciones barriales, espacios de educación popular⁹. Allí donde la vida es cuidada y sostenida colectivamente, hay signos de resurrección.

Estas prácticas no son ingenuas ni ajenas al conflicto. Surgen, precisamente, como respuesta a la crisis. Son formas de organización que desafían la lógica individualista y proponen alternativas basadas en la solidaridad y la cooperación¹⁰. En ellas, la Pascua se vuelve concreta: no como un evento extraordinario, sino como un proceso cotidiano de reconstrucción del tejido social. Cada plato de comida compartido, cada derecho conquistado, cada gesto de cuidado mutuo, es una pequeña victoria de la vida sobre la muerte.

La dimensión ecológica también se inscribe en esta lectura pascual. La crisis ambiental que atraviesa el planeta y que tiene expresiones locales plantea una nueva forma de cruz: la de una creación herida¹¹. La Pascua invita a pensar la resurrección no solo en términos humanos, sino también como reconciliación con la tierra. Cuidar la casa común es parte del compromiso con la vida que la Pascua celebra (cf. Laudato si’)¹².

En este marco, las comunidades de fe tienen un rol significativo. No pueden limitarse a una vivencia intimista de la Pascua, desconectada de la realidad. Están llamadas a ser espacios de memoria, de denuncia y de anuncio. Memoria de las víctimas de la injusticia, denuncia de las estructuras que generan muerte, anuncio de una vida nueva posible¹³. Esto implica asumir tensiones, incomodidades y, en algunos casos, riesgos. Pero también abre la posibilidad de una fe más encarnada, más coherente con el mensaje de Jesús.

La Pascua, vivida desde la realidad sociopolítica argentina, es una invitación a no naturalizar la cruz. A no aceptar como inevitables las situaciones de injusticia. A creer que la transformación es posible, aunque no inmediata ni fácil. Es una llamada a la acción, a la organización, al compromiso con el bien común. Pero también es un llamado a la esperanza: una esperanza que no niega el dolor, pero que se niega a quedarse en él.

En definitiva, la Pascua en la Argentina de hoy se juega en el cruce entre la realidad y la fe, entre la historia y la esperanza. Es una celebración que interpela, que incomoda, que moviliza. No se trata solo de recordar un acontecimiento del pasado, sino de actualizar su sentido en el presente. Allí donde hay cruces, la Pascua anuncia que puede haber resurrección. Y esa posibilidad, lejos de ser abstracta, se construye día a día en las decisiones individuales y colectivas que configuran nuestro destino como sociedad.

Bibliografía

Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). Incidencia de la pobreza y la indigencia en la Argentina. Buenos Aires, varios informes recientes.

Gustavo Gutiérrez. Teología de la liberación. Lima: CEP, 1971.

Jon Sobrino. Jesucristo liberador. Madrid: Trotta, 1991.

Amnistía Internacional. Informes sobre uso de la fuerza y protesta social en Argentina.

Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS). Derechos humanos en Argentina. Informe anual.

Biblia. Evangelio según San Juan 20,27.

Thomas Piketty. El capital en el siglo XXI. México: FCE, 2014.

Biblia. Evangelio según San Lucas 4,18.

Maristella Svampa. La sociedad excluyente. Buenos Aires: Taurus, 2005.

Boaventura de Sousa Santos. Epistemologías del Sur. Madrid: Akal, 2014.

Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático. Informes de evaluación sobre cambio climático.

Papa Francisco. Laudato si’. Vaticano, 2015.

Consejo Episcopal Latinoamericano. Documento de Aparecida. 2007.

Notas

¹ INDEC, informes recientes sobre pobreza.

² Gutiérrez, Teología de la liberación.

³ Sobrino, Jesucristo liberador.

⁴ Amnistía Internacional, informes sobre protesta social.

⁵ CELS, Informe anual.

⁶ Biblia, Jn 20,27.

⁷ Piketty, El capital en el siglo XXI.

⁸ Biblia, Lc 4,18.

⁹ Svampa, La sociedad excluyente.

¹⁰ De Sousa Santos, Epistemologías del Sur.

¹¹ IPCC, informes de evaluación.

¹² Francisco, Laudato si’.

¹³ CELAM, Documento de Aparecida.