Con la voz firme pero cargada de la emoción de quien ha visto su mundo transformarse en cenizas, Mildred Uriana, joven líder del Resguardo Indígena Wayúu alzó su voz para denunciar el impacto devastador que la minería de carbón a gran escala ha tenido sobre su comunidad y su familia.
Mildred no habla solo por ella; se presenta como la voz de "muchísimas víctimas" de la multinacional Glencore en el complejo carbonífero del Cerrejón. Su relato no es solo una queja, es el retrato de un territorio que, según sus palabras, ha sido convertido en una "zona de sacrificio".
Un paisaje de pérdidas
El testimonio de Mildred detalla una erosión sistemática de la vida Wayúu. Lo que antes era un territorio rico y autosuficiente, hoy es un mapa de privaciones:
Despojo de tierras: La expansión minera ha desplazado a las comunidades de sus espacios ancestrales.
Agua contaminada: Mildred denunció el desvío de ríos y arroyos, así como la contaminación de las fuentes hídricas que antes sustentaban la vida.
Inseguridad alimentaria: "Ahora no podemos sembrar en una tierra que sí se sembraba", lamentó, señalando la pérdida de la soberanía alimentaria del pueblo.
El costo humano: "24/7 de ruido y enfermedad"
Uno de los puntos más desgarradores de su intervención fue el impacto en la salud infantil. Mildred compartió la angustia de ver a su hermano menor sufrir crisis respiratorias constantes.
"He visto la lucha de mi madre todos los días para que ese niño siga viviendo", confesó visiblemente afectada.
Además de las enfermedades físicas, la joven destacó el daño psicológico. La minería ha robado incluso el sueño de las "soñadoras" Wayúu, figuras espirituales clave en su cultura, debido al ruido incesante de la maquinaria que opera las 24 horas, los 7 días de la semana.
Justicia pendiente y el llamado a la acción
A pesar de contar con sentencias de la Corte Constitucional a su favor, Mildred afirma que la comunidad no ha recibido una reparación real ni justicia efectiva. Su presencia en el espacio público busca evitar que otros territorios sufran el mismo destino bajo lo que ella denomina "nuevo extractivismo" en nombre de las transiciones energéticas.
Inspirada por el legado de su madre, la líder Luz Ángela Uriana, Mildred cerró su intervención con un llamado urgente: "Tenemos en nuestras manos que esto pare". Para ella, la lucha no es solo por el presente, sino por el derecho fundamental de su pueblo a existir en paz y armonía con su tierra.