Por: Veremundo Fernández
Según Ley de la Legislatura Porteña, desde el año 2003 se celebra en Buenos Aires el 14 de Junio como “Día del Barrendero de la Ciudad”, en recuerdo del Sacerdote Barrendero Mauricio Silva, Detenido y Desaparecido por la última Dictadura Militar el 14 de Junio de 1977.
Posteriormente, en el año 2014, el Senado de la Nación aprobó una ley que instituye el 14 de Junio de cada año como el “Día Nacional del Barrendero”, en coincidencia con la fecha en que Mauricio Silva, Sacerdote Barrendero de Villa Devoto, fue Detenido y Desaparecido en 1977 por la última Dictadura Militar.
Mauricio Kléber Silva Iribarnegaray nació en Montevideo (1925), en el seno de una familia pobre de Ladrilleros; el menor de los cinco hermanos de la casa fue Jesús, que siguió uno a uno los pasos de Mauricio.
Desde su Adolescencia, Mauricio recibió la formación en diversos Centros Salesianos de Don Bosco, donde se inició y desarrolló su Vocación Sacerdotal, primero en Montevideo, después en Río Gallegos, plena Patagonia Argentina, y finalmente en Córdoba, accediendo al Sacerdocio el año 1951, en la misma promoción que Jaime de Nevares.
Su primera Misión sacerdotal fue la de Puerto San Julián, en la Provincia Argentina de Santa Cruz, hasta el año 1959; posteriormente, desarrolló su Ministerio en Montevideo hasta 1970.
Desde niño, Mauricio Silva experimentó lo que es la Pobreza y creció en un ambiente familiar de solidaridad, trabajo y anhelo de la Justicia Social; el carisma salesiano de compromiso con las clases populares se plasmó en él de forma indeleble durante su adolescencia y juventud; y la actividad pastoral como Sacerdote fue preparando de una manera firme su entrega definitiva a los excluidos.
Contribuyeron mucho a esta Vocación los siguientes acontecimientos: la llegada de Perón al Poder y el arrastre irresistible de la Doctrina Justicialista durante los años cruciales de la carrera sacerdotal de Mauricio en Argentina; más tarde, el Concilio Vaticano II, y las Conferencias Latinoamericanas de Medellín y Puebla, que promovieron entre los Sacerdotes y Religiosos la Opción Preferencial por los Pobres; como consecuencia, el Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo de Argentina; pero, sobre todo, el descubrimiento final que hizo Mauricio de los Hermanitos del Evangelio, según la espiritualidad de Charles de Foucauld.
Las Fraternidades de Foucauld son comunidades pequeñas de cristianos católicos, establecidas en barrios marginales, cuyos miembros tratan de vivir como los demás vecinos, compartiendo la misma suerte, el trabajo manual y las vicisitudes de cada día, de acuerdo a las Bienaventuranzas del Evangelio de Jesús de Nazaret. A mediados del siglo pasado, comenzaron a surgir algunas Fraternidades en Argentina, siendo Arturo Paoli, ideólogo de la Teología de la Liberación, uno de los referentes principales. Mauricio Silva se sintió atrapado por esta forma de vida y decidió asumirla para siempre. Es así que, hacia el año 1970, se estableció en Argentina y comenzó a convivir con los Hermanitos de Fortín Olmos de Santa Fe y Suriyaco de La Rioja, participando activamente en los conflictos laborales de La Forestal y en los proyectos evangelizadores de Angelelli, al mismo tiempo que se impregnaba de la espiritualidad de Foucauld.
Mauricio trabajó durante este tiempo en labores diversas del campo, como cualquier peón de los lugares donde vivía. Hasta que descubrió su Vocación definitiva, la de Barrendero Municipal, y la siguió definitivamente, primero entre los cirujas de Rosario y luego en Buenos Aires, en la Fraternidad de Malabia, a la que también se incorporó su hermano Jesús, Sacerdote Salesiano.
Mauricio era un hombre arrollador por su simpatía, sus convicciones y la alegría de VIVIR POBRE, con una profunda espiritualidad, que compartía espontáneamente con quienes vivían con él.
El Corralón de Mauricio estaba en Floresta, donde desempeñó su cargo de Barrendero durante cuatro años seguidos, compartiendo el trabajo con sus compañeros y participando en sus reclamos gremiales, sin violencia física, sin armas, con su vida y su palabra, en unos tiempos muy convulsionados políticamente. Por ello, Mauricio se granjeó el amor de muchos, que lo tenían por Líder, y el odio de unos pocos, que lo consideraban Subversivo.
A finales de 1976, Mauricio y Jesús viajaron a Colombia para una Reunión General de los Hermanitos del Evangelio; concluida ésta, y a pesar de que todos aconsejaron a Mauricio no volver a su País, por la Represión que llevaba a cabo la reciente Dictadura Militar, regresó a Buenos Aires y se reintegró a su trabajo. No pasó mucho tiempo hasta que sus Compañeros de Corralón Néstor Sanmartino y Julio Goitía fueron Detenidos y Desaparecidos; Mauricio siguió trabajando, pero el día 14 de junio de 1977, tres hombres desconocidos lo levantaron en un Falcon Blanco, mientras barría las esquinas de las Calles Terrero y Margariños Cervantes, y se lo llevaron nadie sabe a dónde para siempre.
Esta es una breve síntesis biográfica de Mauricio Silva, el Cura Barrendero de Buenos Aires, que GRITO EL EVANGELIO CON SU VIDA, en cuya memoria se instituyó el “Día del Barrendero”, para que su recuerdo contribuya a que NUNCA MAS se vuelva a repetir la tragedia de nuestra última Dictadura Militar.
Hay una cualidad destacada en Mauricio Silva, que no suele ser muy frecuente entre los Líderes Religiosos Católicos, conjugar la Espiritualidad Cristiana y el Misticismo con la Militancia Política en los Reclamos Populares.