El 2 de marzo de 2016 Berta Cáceres fue asesinada por un grupo profesional de sicarios contratado específicamente para poner fin a su vida y a su lucha social, centrada en la denuncia del proyecto hidroeléctrico Agua Zarca. Con ello pretendían terminar con el trabajo del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH) para la defensa del medio ambiente, el rescate de la cultura lenca y la mejora de las condiciones de vida de la población de la
región, porque esta lucha molestaba a grandes proyectos de empresas extranjeras.
El trabajo de Berta venía de tiempo atrás y era una lucha colectiva, pero el 2 de marzo de 2016 ella se convirtió en más aún de lo que era (líder hondureña, indígena lenca, feminista, activista del medio ambiente, madre de cuatro hijos y cristiana comprometida de verdad): se convirtió en un símbolo.
Los Comités reconocemos el valor de lo que hizo y de su gran legado, en la continuación de COPINH. Como señaló ya hace años, el padre Melo: “Fue una mujer de fuertes convicciones, con un arraigado amor a su pueblo lenca. Nadie la pudo comprar, nadie la pudo domar. Tuvieron que matarla. Sin esa mística primigenia, sin ese amor esencial, las personas pueden ser sobornables, domables, comprables. Por eso la mataron. Ese es el legado que Berta nos deja”.