Arturo Lona, el "obispo de los pobres"

Enviado por COR Murcia el Mié, 04/11/2020 - 15:23
Arturo Lona
Autor | Autores
Fernando Bermúdez López, Comité Oscar Romero de Murcia

Estimados compañeros y compañeras:
No puedo dejar de compartir con ustedes el testimonio del Padre obispo Arturo Lona, quien dejó este mundo el 31 de octubre pasado.
Mi mujer, Mari Carmen, y yo compartimos con él muchas experiencias que siento la necesidad de compartirlas.
Un fuerte abrazo,
Fernando


 

Arturo Lona Reyes nació en Aguascalientes (México) el 1 de noviembre de 1925, fue ordenado sacerdote el 15 de agosto de 1952 y consagrado obispo de Tehuantepec el 15 de agosto de 1971 por el Papa Paulo VI. Lona fue un obispo del Concilio. Conocido como el "Obispo de los pobres" y uno de los últimos exponentes de la Teología de la Liberación en México, murió de Covid-19 a los 95 años. Fue obispo de Tehuantepec, estado de Oaxaca, uno de los más pobres del país, donde trabajó por décadas.

Su casa siempre estaba abierta a todos y todas. Sus padres vivían con él. En la casa entraban campesinos y campesinas, jóvenes y mayores, sacerdotes, laicos y religiosas, y siempre había una acogida para todos. El Padre Obispo, como se le llamaba, casi nunca estaba en su despacho. Un sacerdote, con la ayuda de una laica o una religiosa, atendían a los que solicitaban alguna ayuda del obispado. El despacho del Padre Obispo era el pueblo, las aldeas de la montaña o de la selva, las comunidades indígenas y los barrios de las ciudades. Vestía muy sencillamente, como los campesinos, guaraches, camiseta y un pantalón vaquero. Su lenguaje era muy popular, ameno, pero profundo. Lo entendía todo el mundo. Revestido siempre de buen humor.

El obispo Lona fue presidente de la Comisión Episcopal de Indígenas en 1972-74 y fundador del Centro de Derechos Humanos Tepeyac de Tehuantepec En 2008 fue galardonado con el XVI Premio Nacional de Derechos Humanos "Don Sergio Méndez Arceo" como "reconocimiento a toda una vida entregada en la defensa y promoción de los derechos humanos de los pobres e indígenas”.

Lona Reyes destacó, junto con el arzobispo de Oaxaca Bartolomé Carrasco y el obispo de San Cristóbal de las Casas Samuel Ruiz, por defender los derechos humanos, los derechos de los campesinos e indígenas y por practicar la teología de la liberación. Estos obispos hablaban poco sobre la teología de la liberación, pero la vivían y llevaban a la práctica pastoral. Arturo Lona Impulsó la creación de comunidades cristianas de base en toda la diócesis. Decía que las comunidades son la Iglesia en movimiento y que la diócesis debe ser una gran comunidad de comunidades. Fue un gran admirador de monseñor Óscar Romero, San Romero de América, con frecuencia hablaba de él en sus homilías.

Para posibilitar que el campesinado salga de su situación de pobreza promovió la creación de cooperativas de producción de café orgánico y de ajonjolí, cuyas exportaciones tiene como destino Europa, y cuyas ganancias se reparten entre los productores originarios de la zona que el obispo convirtió en socios. Asimismo logró la creación de varios institutos de bachillerato a cargo de los Hermanos Maristas y una universidad indígena que ya cuenta seis generaciones de egresados.

A causa de su defensa de los pobres, igual que Don Sergio y Don Samuel, el obispo Arturo Lona fue objeto de represalias y acoso de autoridades eclesiásticas y civiles e incluso amenazado de muerte. Sufrió más de un decena de atentados contra su vida por liderar protestas promigrantes y refugiados, resistir a los grandes proyectos de infraestructura como embalses o por defender las selvas y luchar contra el cacicazgo en zonas indígenas.

En una ocasión Juan Pablo II envió al Delegado Apostólico para controlar e interrogar al Obispo, pero éste dijo: “Vamos a las comunidades campesinas y después hablamos”. Allí el delegado del Papa vio cómo vivían los campesinos e indígenas, muchos de ellos en una situación de pobreza extrema, la gente habló y él los escuchó en silencio. Después Arturo Lona le dijo al Delegado papal: Ahora vaya a Roma y dígale al Papa lo que ha visto y oído.

Después de cumplir los 75 años, aceptada su renuncia por el Vaticano, se retiró a una humilde parroquia en la selva de Cintalapa, apoyando al párroco. Allí vivió casi veinte años hasta que se enfermó y murió el 31 de octubre de 2020.

El Padre obispo Arturo Lona fue nuestro obispo durante dos años (1982-83), recién salidos Mari Carmen y yo de Guatemala. Nos acogió en su diócesis de Tehuantepec con la esperanza de conformar un centro de acogida de refugiados guatemaltecos. Pero el gobernador de Oaxaca lo prohibió tajantemente y a nosotros se nos controló e incluso tuvimos problemas con la migración. El obispo nos apoyó. Siempre encontramos en él un padre y un amigo. Reconocemos en Arturo Lona a un gran profeta de la Iglesia latinoamericana.

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