
Autoría
Padre Héctor Fernando Martínez
Conmoverse es un sentimiento que brota de muy adentro. No hay interés detrás. Uno no se conmueve para sacar provecho, ni por ganar el cielo o salvarse del infierno. Un poeta-místico lo expresa así:
No me mueve mi Dios para quererte
El cielo que me tienes prometido,
Ni me mueve el infierno tan temido
Para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
Clavado en una cruz y escarnecido,
Muéveme ver tu cuerpo tan herido,
Muéveme tus afrentas y tu muerte.
Mons. Romero conocía este poema y, en la homilía del 23 de julio de 1978, declamó una de sus estrofas comentando el amor de Dios; escuchémosle con su propia voz: https://youtu.be/3d_1bMvZBY0
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