El milagro electoral en Colombia

Enviado por COR Buenos Aires el Jue, 18/06/2026 - 01:27
Elecciones en Colombia
Autoría
Abilio Peña Buendia

 

 

Nos han dicho que las encuestas son “una fotografía del momento en que las hacen”. Esa fotografía no está exenta, como todo, de preferencia e intereses. Tres de las últimas cuatro encuestas publicadas entre el 12 y el 14 de junio, dan como ganador al candidato   Abelardo de la Espriella y sólo una da como ganador a Iván Cepeda Castro. El CNE Centro Nacional de Consultorías da a  De la Espriella el 48.6% y a Iván el 44.7%; Guarumo da al  candidato de la derecha el 52.6%  y al del progresismo el 45%, la cuestionada Atlas da a De La Espriella el 52.4% y a Iván el 44.4%. Solamente Celag Data da como ganador, con el 40.8% a Iván y como perdedor a De La Espriella con el 39.7%.

De La Espriella tiene todo para ganar: grandes flujos de dinero, pactos con políticos y caciques, espectáculos multitudinarios, dotes actorales, respaldo de los medios empresariales más poderosos, injerencia del país más fuerte militarmente del mundo que fue capaz atacar sin pudor a Venezuela, meter la mano en las elecciones de Chile, de Argentina, de Honduras, que amenaza con apropiarse de México, Canadá y Groenlandia. Ya dijo el presidente de Estados Unidos el  10 de junio,  que "Los resultados de estas elecciones son muy importantes para el futuro de Colombia y su relación con Estados Unidos, que, si Abelardo gana, y por su competencia y amor a su país, contará con el apoyo total y la fortaleza de Estados Unidos detrás de él".

El candidato de la derecha cuenta también, con todo un entramado escenográfico y actoral para manipular lo más profundo del sentimiento religioso, en un país en el que según la encuesta de Ipsos Global Advidsor el 89 % de los colombianos creen en Dios o en un poder o espíritu superior que ayuda a resolver problemas. En esta dirección, se apropió de la categoría “milagro” para su programa de gobierno “Colombia Patria Milagro”  nombrándola 14 veces, así su contenido contravenga lo más sagrado de la tradición judeo cristiana que manda a no matar, a no robar, a amar al prójimo y a no usar el nombre de Dios en vano.

Del otro lado, Iván Cepeda, no quiso competir con la estridencia de su adversario y ha mostrado sus logros en materia de verdad y justicia en medio de la rampante impunidad en Colombia. Llenó plazas públicas presentando con rigor su programa de gobierno en favor de la vida humana y de toda la naturaleza y, como lo mostró la primera vuelta electoral, cuenta con el respaldo de las regiones más excluidas del país.

 También cuenta con la gestión del presidente Gustavo Petro,  que, según las mismas encuestas, suma  un 50%  51 y hasta 52%  de aprobación de quienes  han visto  logros en reforma agraria, atención a la población que ha dejado las armas, subsidios para las personas mayores,   renta ciudadana, reforma pensional,  reforma laboral, profundización del programa “Matricula 0”, reducción de la pobreza. También muchos jóvenes han valorado el fin de las redadas militares para el reclutamiento forzado y el que se hayan podido movilizar sin ser reprimidos por el antiguo Esmad de la policía, responsable de lesiones y hasta de muerte en las movilizaciones del “Estallido Social”. Estos avances, a pesar de los tropiezos en el congreso y en las cortes, alcanzaron a ser sentidos por la población.

Pero hay algo que no tiene De La Espriella y le sobra a Iván:  la decisión de jóvenes, de comunidades de fe, de habitantes rurales y urbanos, de artistas populares, de miembros de la comunidad internacional, que, tras la derrota en la primera vuelta, con sus propias manos y de corazón están haciendo todo lo que está a su alcance para que se respete la voluntad popular ante posibles trampas internas y la intervención de Estados Unidos.

 Así, la jefatura de campaña, en manos de la sociedad, desbordó por mucho, los esfuerzos de los estrategas. Un día artistas de todo tipo y nivel de reconocimiento lanzan una canción, otro los jóvenes enarbolan la bandera del amor para bailar contra el odio, muralistas se toman paredes enteras para llenarla de colores, movilizaciones inundan las calles, personas constreñidas en su voto acuden a religiosos para confesar que recibieron dinero y se lo vuelven a ofrecer para la segunda vuelta. Hasta religiosos indignados por la manipulación de la fe se deciden llamar al discernimiento y algunos, yendo más allá, publican su voto, motivados por los valores de su tradición religiosa. También miles voluntarios se preparan para ser testigos electorales.

 De la Espriella se apropió el “Milagro”.  No obstante, en la tradición del Nuevo Testamento, el milagro ocurre cuando las personas se deciden a hacer posible lo que parece imposible.  Y para ello la fe, de quienes quieren que se haga el milagro es lo esencial, tal como lo expresó Jesús de Nazaret según Mateo: “tu fe te ha salvado” (Mat 9:22) o “si tienes fe como un grano de mostaza, dirías a este monte ‘desplázate de aquí para allá’ y se desplazará, y nada les será imposible.” (Mat 17,20)  

Ahí está la tensión entre el uso de la palabra “milagro” por De la Espriella y la convicción de sectores significativos de la sociedad que hacen todo lo que está a su alcance para lograr el verdadero milagro: una Colombia reconciliada, más justa y en paz. 

Sean cual fueren los resultados, está instalada la conciencia de que no todo vale y la resistencia pacífica se plantará ante la descomposición ética que vivimos en los gobiernos de Uribe y de Iván Duque. Valga recordar que la fórmula vicepresidencial de De La Espriella fue ministro de Comercio y después de Hacienda en el  gobierno Duque.