BOLIVIA, VENTANA A LA ESPERANZA

Enviado por admin el Mar, 20/10/2020 - 17:07
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Waldo Gerardo Fernandez Ramos

Luis Arce, candidato del Movimiento al Socialismo (MAS, el partido del depuesto presidente Evo Morales) habría ganado las elecciones generales celebradas ayer en Bolivia, con el 52,4% de los votos, de acuerdo a encuestas a pie de urna. Su opositor más cercano habría conseguido el 31,5%. El MAS, un partido con fuertes vínculos con los movimientos campesinos y obreros, tendrá también la mayoría de las dos Cámaras de la Asamblea Legislativa Plurinacional. Los resultados oficiales no se tendrán hasta el martes 20 de octubre.

Cerca de 7,3 millones de personas estaban llamadas a las urnas, en una jornada electoral que ha transcurrido con total normalidad y una alta participación de votantes.

El resultado, por lo abultado, parece haber sorprendido a los propios dirigentes del MAS, que fue desalojado del poder de manera violenta hace un año, cuando los militares obligaron a renunciar al presidente Evo Morales, acusado por sus enemigos políticos de haber realizado fraude en las elecciones celebradas entonces. La Organización de Estados Americanos (OEA, a la que Ernesto Che Guevara llamaba el “Ministerio de colonias” de Estados Unidos) apoyó aquel golpe de Estado.

La administración estadounidense, que había mantenido una persistente hostilidad contra el gobierno de Morales, se apresuró a reconocer a los golpistas. Morales fue el primer presidente indígena, que en buena medida logró desplazar a las élites políticas tradicionales, además de ser artífice de grandes cambios. Al parecer, los estadounidenses (y la oligarquía boliviana) no le perdonaban los éxitos económicos de un proceso conducido por el ministro de Economía y ahora elegido presidente, que llevó a Bolivia a su más larga etapa de prosperidad.

Morales y el MAS nacionalizaron el petróleo y el gas, pero no rompieron con las compañías, sino que las invitaron a ser sus socios. El gobierno garantizó la estabilidad económica y la seguridad jurídica, y muchas empresas se sumaron al proceso de cambio. El Estado pasó a recibir el 82% de los beneficios de las empresas extranjeras, y éstas el 18%. La economía creció casi un 5% anual, y el PIB per cápita pasó de 961 a 2.392 dólares. La base tributaria subió hasta el 20% (en Europa está en torno al 27%). El Estado llegó a controlar el 38% de la economía. Además, la mitad de los beneficios de los bancos pasan también al Estado.

Los servicios de luz y agua pasaron a manos del Estado, y también la mitad de las telecomunicaciones.

Todos esos factores permitieron al Estado realizar una importante inversión pública en educación, salud, vivienda, cultura…. En sus trece años de gobierno, Morales y el MAS redujeron el índice de pobreza general del 60% al 34%, y la extrema pobreza del 38% al 15%. El analfabetismo descendió del 15% al 2,4%. El salario mínimo pasó de 42 euros al mes a 273. La esperanza de vida subió de los 55 a los 68 años.

El golpe de Estado de hace un año se consumó luego de que el jefe del Ejército, Williams Kaliman, “sugirió” al presidente Evo Morales que renunciara a su mandato presidencial. Poco después quedó demostrado que no había existido fraude y que el cómputo de los votos se había realizado correctamente.

Aquel golpe suscitó en América Latina los peores temores de un retorno de la región al tenebroso pasado de las dictaduras militares. Los bolivianos parece que han conjurado ese peligro, derrotando en las urnas a los golpistas de hace un año. Pero ¿significa ello fin del golpe conservador?

Bolivia es hay una ciudadanía polarizada entre los que apoyan al MAS y los que lo rechazan. Entre los partidarios del MAS, la alegría del triunfo está matizada por un ambiente de desconfianza, polarización y temor a la violencia.

Los grupos de derecha y extrema derecha realizaron, en los días previos a las elecciones, una campaña de “desmovilización del voto”, con informaciones tergiversadas sobre los lugares y la forma de votar. El diario británico The Morning Star denunció que la extrema derecha preparaba atentados terroristas contra los hoteles en los que se alojarían los observadores internacionales, para atribuirlos al MAS e impedir su victoria electoral. El ministro de Gobierno levantó suspicacias al viajar a Estados Unidos los días previos a las elecciones, para entrevistarse con Luis Almagro (presidente de la OEA) y Mike Pompeo (Secretario de Estado de Trump). El Tribunal Supremo Electoral cambió a última hora el sistema de cómputo, lo que generó incluso preocupación en los cientos de observadores internacionales.

Bien es verdad que la amplitud de la victoria de Arce hará muy difícil cualquier maniobra para cuestionar su legitimidad. La propia Jeanine Áñez, puesta en la Presidencia por los golpistas, felicitó públicamente al partido ganador. Pero los bolivianos también saben que la derecha, cuanto más extrema, tiene peor perder. Y están alertas.

 

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