DIÁLOGO ABIERTO POR EL CUIDADO DE LA CASA COMÚN

Enviado por Secretaría SICSAL el Vie, 23/09/2022 - 02:28
Diálogo Gobiernos
Autoría
Laudato Si, SICSAL, REPAM, CONVIDA20, Iglesias y Minería

Gobiernos, Organizaciones de la Sociedad Civil, la Ciencia y la Iglesia.

Latinoamérica y el Caribe en camino hacia la COP 27 y el Tratado de No Proliferación de Combustibles Fósiles

Día: Miércoles, 19 de octubre de 2022

Hora: de 8:30 a.m. a 11:30 a.m. Bogotá (3 horas)

Modalidad: Híbrido (virtual y presencial, Colombia)

Lugar: Sala Multiplataforma/Auditorio para conferencias del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (CELAM)

Organizadores: Movimiento Laudato Si’, Red Iglesias y Minería, Servicio Internacional Cristiano de Solidaridad con los Pueblos de América Latina (SICSAL) «Oscar Arnulfo Romero», la Alianza Global ConVida20 , Red Eclesial Pan Amazónica (REPAM).


➡️Inscripción participación presencial:

https://docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLScSgT6VnYy6qfe2GtuySskDN8NjpFWZGPxtfPKnPaeKSL8pTQ/viewform

➡️ Inscripción participación virtual:

https://us06web.zoom.us/meeting/register/tZ0scOCqqD8oHddqVi8pEfRBQB-DN70lh2Mf

Objetivo general: Establecer un diálogo entre representantes de los Gobiernos populares de nuestros países latinoamericanos (Honduras, Argentina, Colombia, Bolivia, Perú, México, Chile), organizaciones de la sociedad civil que trabajan por el cuidado de la Casa Común, científicos y la Iglesia a través de sus representantes del CELAM y el Dicasterio Vaticano para el Servicio del Desarrollo Humano Integral en torno a los retos presentes de la crisis climática, los combustibles fósiles y la transición energética justa y equitativa.

Participantes convocados (cartas de invitación): Representantes de los Gobiernos de Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Honduras y México; Prefecto del Dicasterio Vaticano, Secretario General del CELAM, Cardenal Pedro Barreto (Huancayo, Perú) ​y representantes de organizaciones sociales y académicas.

Invitados: Representantes de los gobiernos, Cardenales, Obispos, organizaciones católicas y no católicas y otros representantes de los países.

Objetivos específicos:

  • Sensibilizar a través del conocimiento científico, la Doctrina Social de la Iglesia y el respaldo del Tratado por parte del Cardenal Czerny y de Mon Lozano, de la necesidad urgente de tomar medidas para responder a la crisis climática, según los compromisos del Acuerdo de París con funcionarios de 6 Gobiernos de la región.

  • Involucrar al gobierno de Colombia (Ministra de Medio Ambiente) en un liderazgo continental en el tema del Tratado de No Proliferación de Combustibles Fósiles y la Desinversión de Combustibles Fósiles en general a través de la participación de la Ministra de Medio Ambiente.

  • Convocar a representantes de otros países de la región a esta iniciativa mediante su adhesión al pedido de un Tratado.

  • Comprometer a los diferentes actores involucrados (gobiernos, organizaciones sociales, ciencia e Iglesia) en un diálogo sobre los temas relacionados con los combustibles fósiles en la región.

  • Comprometer a los 6 grupos de representantes gubernamentales invitados a apoyar públicamente la firma del Tratado de No Proliferación de Combustibles Fósiles y trabajar para su adopción en la próxima COP 27 en Egipto (7-18 de noviembre de 2022).

Resultados esperados

  • Existe un compromiso público por parte de los representantes de los gobiernos, para apoyar el llamamiento al Tratado en las negociaciones de la COP 27 y más allá.

  • Invitación a organizaciones (católicas, ONG) para que adopten el llamamiento moral a favor de un Tratado de No Proliferación de Combustibles Fósiles como herramienta esencial para alcanzar los objetivos del Acuerdo de París.

  • Un compromiso para acoger diálogos abiertos sobre la desinversión, la minería y la deuda externa en relación con la Doctrina Social Católica.

Concepto:

En el Acuerdo de París sobre cambio climático, en el 2015, los Gobiernos de los países acordaron hacer todos los esfuerzos necesarios para no permitir un calentamiento global mayor a 2ºC y en lo posible que sea menor a 1,5ºC, a fin de preservar la vida de los ecosistemas tal como la conocemos. El último Informe del IPCC indica que, para cumplir con el objetivo de 1,5ºC, la reducción en las emisiones de CO2 debe ser del 43% en 2030 y del 84% en 2050 respecto a lo emitido globalmente en el 2019.[1] Es decir, no hay tiempo que perder para las decisiones políticas necesarias ya que todavía hay demasiadas minas de carbón y zonas de extracción de petróleo y gas natural en producción, y muchas aún en fase de exploración, lo que pone al mundo en vías de no cumplir el objetivo del Acuerdo de París.

Para evitar los peores impactos de la crisis climática, debemos juntos tomar responsabilidad, sociedades y gobiernos, para actuar colectivamente. Durante demasiado tiempo, la acción de los gobiernos ha sido penosamente lenta y ha complacido demasiado a las temerarias y engañosas corporaciones de combustibles fósiles, impidiendo una legislación climática significativa y oportuna. Existe una evidente desconexión entre las concesiones que los países hacen para la continua expansión de los combustibles fósiles y su retórica que proclama objetivos de «emisiones netas cero» a largo plazo, un peligroso velo para evadir la responsabilidad, retrasar la acción y confiar en tecnologías no probadas.

Estos costos los pagan de forma desproporcionada quienes son más vulnerables y menos responsables históricamente de las consecuencias del cambio climático: vidas perdidas, hogares y cultivos destruidos y millones de personas desplazadas. Es nuestro imperativo moral proteger a los más necesitados y defender los derechos humanos de las generaciones futuras empleando fuentes de energía limpias y sostenibles. Asimismo, la necesidad de divisas para pagar sus deudas externas coloca en situación de debilidad a numerosos países ante las grandes corporaciones petroleras, que les exigen condiciones leoninas en sus contratos para extraer combustibles fósiles.

La ciencia que advierte sobre el peligro más urgente al que se enfrenta la humanidad es innegable: para ser buenos cuidadores de nuestra Casa Común, debemos actuar y eliminar gradualmente la producción de combustibles fósiles.

En este sentido, la Doctrina Social de la Iglesia es clara:

«Sabemos que la tecnología basada en combustibles fósiles muy contaminantes –sobre todo el carbón, pero aún el petróleo y … el gas– necesita ser reemplazada progresivamente y sin demora» (Papa Francisco, Laudato Si’,165).

Como primera respuesta de la Iglesia, numerosas instituciones católicas en todo el mundo han desinvertido en empresas de combustibles fósiles en los últimos años[2]. Asimismo, recientemente, el Papa Francisco «dispuesto que la Santa Sede, en nombre y representación del Estado de la Ciudad del Vaticano, se adhiera a la Convención Marco de la ONU sobre el Cambio Climático y al Acuerdo de París, con la esperanza de que la humanidad del siglo XXI “pueda ser recordada por haber asumido con generosidad sus graves responsabilidades”»[3].

Más aún el cardenal Michael Czerny, Prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Integral Humano abogó por un Tratado de No Proliferación de Combustibles Fósiles para integrar y fortalecer el Acuerdo de París porque «toda nueva exploración y producción de carbón, petróleo y gas debe detenerse de inmediato, mientras que es urgente eliminar gradualmente la producción existente de combustibles. Esto debe suceder con una transición justa de los trabajadores de estos sectores hacia alternativas amigables con el medio ambiente».[4]

Ahora debemos dar el siguiente paso y pedir a nuestros Gobiernos que planifiquen una transición energética justa a nivel mundial.

La escala actual de la crisis climática requiere una solución global cooperativa que se dirija directamente a la industria de los combustibles fósiles. Por eso la Doctrina social de la Iglesia sostiene que:

«se ha vuelto urgente e imperioso el desarrollo de políticas para que en los próximos años la emisión de dióxido de carbono y de otros gases altamente contaminantes sea reducida drásticamente, por ejemplo, reemplazando la utilización de combustibles fósiles y desarrollando fuentes de energía renovable» y que «en el mundo hay un nivel exiguo de acceso a energías limpias y renovables» (Laudato Si’, 26).

Por ello, en comunión con el Papa Francisco, como Iglesia en camino – junto a otros hermanos y hermanos de nuestros pueblos indígenas, líderes de la sociedad civil, jóvenes, gobiernos de ciudades, legisladores, académicos y científicos - queremos hacer un llamado a los Gobiernos de nuestros países a que inicien de manera urgente las acciones necesarias para desarrollar e implementar un Tratado de No Proliferación de Combustibles Fósiles[5], a fin de preservar el bien de esta Casa Común, nuestra Tierra, que habitamos en heredad, generaciones pasadas, presentes y futuras.

El Tratado como tal ha de ser un plan global vinculante, fundamentado en estos tres pilares:

I. Poner fin a la expansión de cualquier nueva producción de carbón mineral, petróleo o gas natural de acuerdo con los mejores datos científicos disponibles, tal y como señala el IPCC y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

II. Eliminar gradualmente la producción actual de combustibles fósiles de forma justa y equitativa, teniendo en cuenta la dependencia respectiva de los países hacia los combustibles fósiles y su capacidad de transición.

III. Garantizar una transición energética justa hacia el 100% de acceso a energías renovables en todo el mundo, apoyar a las economías dependientes para que se diversifiquen de los combustibles fósiles y permitir que todas las personas y comunidades, sin olvidar el Sur Global, prosperen.

Nuestra fe en la creación nos dice que Dios ha dotado al ser humano de inteligencia y amor (cf. LS 83), lo que nos hace ser imagen y semejanza del Creador (Gen. 1, 27); por ello, nuestra esperanza y confianza en la justa respuesta a la crisis climática está profundamente arraigada en la ciencia y en la capacidad humana de la compasión, que garantizan la equidad entre los pueblos y sanación de los más vulnerables de esta Tierra, los pobres y las demás criaturas.

El tiempo de oportunidad que tenemos para actuar es breve. Es necesario unir nuestros esfuerzos y pedir un tratado global para abandonar pronta y gradualmente los combustibles fósiles, y apoyar una transición energética justa, impulsada por las energías limpias, y un futuro de desarrollo integral y sostenible para todos.

Notas

[1] IPCC, 2022: Climate Change 2022: Mitigation of Climate Change. Contribution of Working Group III to the Sixth Assessment Report of the Intergovernmental Panel on Climate Change [P.R. Shukla, J. Skea, R. Slade, A. Al Khourdajie, R. van Diemen, D. McCollum, M. Pathak, S. Some, P. Vyas, R. Fradera, M. Belkacemi, A. Hasija, G. Lisboa, S. Luz, J. Malley, (eds.)]. Cambridge University Press, Cambridge, UK and New York, NY, USA. doi: 10.1017/9781009157926 https://report.ipcc.ch/ar6wg3/pdf/IPCC_AR6_WGIII_FinalDraft_FullReport.pdf

[2] Cf. Notas de prensa en https://www.vaticannews.va/es/mundo/news/2020-11/instituciones-catolicas-desinvierten-de-combustibles-fosiles.html

y en https://www.vaticannews.va/es/iglesia/news/2022-07/no-a-las-empresas-de-combustibles-fosiles.html

[3] Mensaje del Santo Padre Francisco para la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la creación, Vaticano 16 de julio, 2022. https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/pont-messages/2022/documents/20220716-messaggio-giornata-curacreato.html

[4] Card. Michel Czerny, 21 julio de 2022: “Necesitamos urgente "transición a alternativas ecológicas", Aica, Ciudad del Vaticano; https://aica.org/imprimir-noticia.php?id=54509

[5] Cibersitio de la iniciativa del Tratado en Español — The Fossil Fuel Non-Proliferation Treaty

 

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