El año 1973, un 11 de septiembre, Chile vivió uno de esos momentos que marcarían su historia. Ese día se produjo el golpe militar que derrocó definitivamente al presidente Salvador Allende, siendo instaurada una junta de gobierno liderada por el entonces comandante en jefe del ejército de Chile Augusto Pinochet, quien extiende su gobierno de 1973 a 1990. Ya el 29 de junio del mismo año el teniente coronel Roberto Souper se había sublevado contra el gobierno de Chile, siendo sofocada su intentona por las fuerzas del predecesor de Pinochet, Carlos Prats. La Iglesia Latinoamericana está entonces en plena ebullición: amplios sectores de la misma se alzan contra la opresión institucionalizada con que las oligarquías explotan a las franjas más populares de la población. Altos vértices políticos, militares, judiciales, empresariales, y también eclesiales trazan una red que viene percibida y analizada como represiva; era necesario hacerse eco del mensaje de liberación que Dios trae a su pueblo, en el que ama con predilección y preferencia a los pobres. Surge lo que la historia de la teología y de la Iglesia reciente conoce como Teología de la liberación. Miles de cristianos en el continente emprenden caminos de compromiso y de lucha contra la opresión del pueblo. El régimen que surge en Chile del golpe de estado emprende una represión general contra este modo de ser y estar en la Iglesia y la sociedad, tildándolo de marxista. El resultado será la persecución en Chile de movimientos como Cristianos por el Socialismo. [...]
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